Después del ISA, las empresas que siguieron en el mercado, realizaron muchas gestiones para aumentar capital, fusionándose y/o abriéndose a la bolsa, entre otras, pero muchas de ellas tenían un punto negro en común, sus instalaciones no se encontraban regularizadas

Por: Carolina Klenner Rodríguez. Ingeniero Civil en Obras Civiles y MBA de la Universidad Austral de Chile. Jefe del área de ingeniería de la empresa Ecco Prime Ingeniería Ltda.

No es nuevo cuando se habla que el virus ISA causó estragos en una industria que, desde su nacimiento, cosechó un crecimiento constante y seguro, traduciéndose éste en altas ganancias, más empleos para la zona y una fuerte justificación para la descentralización del país. Fueron muchos los años en que el éxito fue rotundo, y si bien esta enfermedad causó una importante crisis, también sirvió para replantearse su desarrollo.

Las empresas que lograron salir adelante y siguieron en el mercado, realizaron muchas gestiones para aumentar capital, fusionándose y/o abriéndose a la bolsa, entre otras, pero muchas de ellas tenían un punto negro en común, sus instalaciones no se encontraban regularizadas, y no hablo sólo de sus activos fijos, sino también intangibles, permisos, resoluciones, patentes, lo cual los dejó en una posición desfavorable a la hora de negociar créditos con las entidades financieras.

No por nada, toda obra nueva, que se realiza hoy en día, se hace bajo todas las exigencias de las autoridades, se toman esos resguardos, ya que los empresarios saben que el estar en regla, les permite optar a beneficios que no sólo se limitan a las capacidades productivas que puedan lograr con el inmueble y sus instalaciones anexas.

Si bien, en tiempos de crisis, las empresas se deben hacer más eficientes para lograr sus objetivos, hoy en día muchas empresas se encuentran en crecimiento, como lo es el rubro salmonero, que el año pasado avanzó por sobre el 20% en sus exportaciones. Lo anterior, les permite estar en una situación favorable para enfrentar el desafío de regularizar todas sus instalaciones.

Los beneficios de regularizar son múltiples y se complementan entre sí: Primero, permite tener la valorización real de los activos, saber que se tiene y con qué se puede negociar, ya que es muy distinto el valor de una instalación productiva ubicada en un terreno autorizado para la explotación agrícola, a que tenga el cambio de uso de suelo para la explotación industrial, eso por dar un ejemplo.

Segundo, es que al tener regularizada las instalaciones la autoridad las reconoce como tal, lo que evita multas y sanciones, que pueden llegar a significar la paralización del proceso productivo. Obligando a la empresa a resolver esta instancia contra el tiempo y de manera urgente.

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